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¿Quieres comprarte un Ferrari?

¿Cuál es tu motivación a la hora de trabajar?

La motivación económica es una variable importante a tener en cuenta. Al fin y al cabo, en función de cómo sea tu sueldo podrás organizarte y ver si consigues llegar a fin de mes, si puedes permitirte una vida un poco más holgada, ¡o incluso si puedes ahorrar para comprarte un Ferrari!

Sin embargo, muchas veces reducimos todo a una cuestión monetaria, y nos olvidamos de que hay más elementos en juego. ¿Por qué haces lo que haces? ¿Cuál es el propósito del trabajo que desempeñas cada día?

A veces tenemos la sensación de que nuestro trabajo no es relevante, quizá porque no está bien pagado o porque no es considerado importante por los demás. Y, sin embargo, ahí tienes el ejemplo de los trabajadores de los supermercados durante la pandemia de 2020: a pesar de que su puesto de trabajo no era considerado por la sociedad como especialmente relevante, ¡estos profesionales fueron de los pocos trabajadores que se libraron del confinamiento, por ser considerados “trabajadores esenciales”! Sí, su labor fue y es de una tremenda importancia para todos…

La Biblia dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres….” (Colosenses 3:23). Esa es la gran clave: que Jesús sea el centro de tu vida, y de todo lo que hagas.

Si te dedicas a programar aplicaciones, haz que cada línea de código sea como un poema para Él, sabiendo que tu programa va a ayudar a muchas personas; si te dedicas a la enseñanza, haz que cada clase sea como si tuvieses el privilegio de enseñarle directamente a Él; y si te dedicas a barrer las calles, hazlo como si estuvieses limpiando tu misma casa para recibir a Jesús como invitado.

Querido(a) amigo(a), cuando tu trabajo es una forma de servicio a Dios, ¡todo adquiere un nuevo significado! Aun la más humilde de las tareas se convierte en una bendición y en un privilegio.

Dios te ama, y le encanta cuando le sirves de todo corazón