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Pequeños regalos diarios…

¿Recuerdas tus años en la escuela o en el instituto? Yo los recuerdo con mucho cariño…

Me hace gracia cada vez que pienso que, cuando estaba en el colegio, quería pasar cuanto antes al instituto. Cuando estaba en el instituto, quería que pasase el tiempo rápido para poder graduarme y entrar en la universidad. Y cuando estaba en la universidad, ¿lo adivinas? ¡Quería terminarla y empezar a trabajar cuanto antes!

Lo más curioso es que ahora, cuando pienso en esos momentos de mi vida, en cierta manera los añoro. Me gustaría volver a revivirlos, aunque fuese solo momentáneamente… ¿Te pasa esto a veces a ti también?

Como seres humanos somos llamados a crecer y a progresar en el camino que el Señor nos ha preparado, y eso es algo precioso. El problema está en que, a veces, vamos tan rápido en esta carrera, que no nos damos casi cuenta de lo que tenemos, ni nos paramos a disfrutar de las bendiciones del día a día. Estamos tan centrados en el futuro, que dejamos el presente a un lado.

Mira lo que dice Salomón en el libro de Eclesiastés: “No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios” (Eclesiastés 2:24).

Mi querido/(a) amigo(a), Dios quiere que disfrutes de los pequeños detalles del día a día, así como de tu trabajo. Esfuérzate en estudiar, en trabajar, en conseguir promociones o incluso en desarrollar los proyectos o los negocios que Dios ponga en tu corazón llevar a cabo… pero nunca olvides valorar el presente y la belleza del día a día, porque son literalmente “un presente”, un regalo de Dios para ti.

Eres un regalo de Dios