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¿Esto viene de Dios?

Una de las preguntas más comunes que creo que todos nos hacemos en el día a día es: ¿Esto viene de Dios? Este pensamiento, esta idea, este sentimiento… ¿viene del Señor, es algo mío, o proviene del enemigo?

Todos en diferentes momentos de nuestra vida experimentamos este tipo de dudas. ¿Qué podemos hacer para tener más claridad al respecto?

La clave está en el discernimiento espiritual. La Biblia dice: “… pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14). Fíjate: aquí no se habla de unas personas que han nacido con unas habilidades especiales, sino de personas que “han alcanzado madurez” por medio del “ejercicio de sus sentidos” a la hora de discernir.

Es decir, el discernimiento es como un músculo: es algo que tenemos que ejercitar y usar constantemente, si queremos que crezca en nuestras vidas. Y quizá te preguntes: ¿pero cómo podemos ejercitar nuestros sentidos en el discernimiento?

Jesús dijo a sus discípulos: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20). Jesús se refiere en este pasaje a cómo identificar a aquellos mensajeros enviados por el enemigo para traer confusión en nuestra vida, algo muy similar a cuando vienen a nuestra mente mentiras del enemigo para tratar de engañarnos. Los pensamientos, ideas, emociones… que vienen de Dios son muy diferentes de los que provienen de las tinieblas, sobre todo en cuanto al fruto que producen, y tenemos que aprender a diferenciarlos

Mi querido(a) amigo(a), ¡es tiempo de que afines más tu discernimiento espiritual! A lo largo de esta semana, voy a compartir contigo claves que te ayudarán a discernir entre la voz de Dios y a las interferencias que el enemigo quiere poner en tu vida. ¿Estás listo(a)?