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¿Estás “pre-ocupado”?

Una de las herramientas más fuertes de las tinieblas contra nosotros es la preocupación.

Cuando te “pre-ocupas”, como indica la palabra en su origen, te estás “ocupando de algo de antemano”, manteniendo tu mente ocupada en las posibles consecuencias negativas. El trabajo, las dificultades en las relaciones y los problemas financieros suelen ser los motivos de preocupación más frecuentes.

¿Cuál es el fruto de la preocupación en tu vida? Si lo miras de una manera objetiva, la preocupación no tiene sentido: puedes pasarte todo el día “pre-ocupándote” por los posibles problemas del porvenir, pero, ¿de qué te sirve?

Como dice Jesús: “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:27). La preocupación no solo no te ayuda a crecer, sino que además te hace perder el tiempo, y, para colmo, te afecta físicamente, creando tensión muscular, cansancio y hasta bajando tus defensas. ¡Es un mal negocio!

El Señor nos ordena en Su Palabra: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias…” (Filipenses 4:6). No es una sugerencia: la preocupación es en realidad un arma de las tinieblas contra nosotros. El enemigo nos agobia y nos debilita a través de esos pensamientos, y es por eso que tenemos que aprender a discernirlos, y a echarlos fuera de nosotros. Eso es lo que hago siempre cuando empiezo a preocuparme por un problema:

  • Le entrego ese problema al Señor
  • Empiezo a confesar con mis labios las promesas de Dios para mi vida
  • Y continúo dándole gracias, hasta que siento de nuevo la paz

Querido(a) amigo(a), ¡Dios quiere que seas libre de toda preocupación! Aparta tus ojos de los problemas, y entrégaselos a Aquél que tiene siempre una solución. Cuando lo hagas, la preocupación se desvanecerá, y te sentirás realmente libre.

¡Disfruta de un día libre de preocupaciones!