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Eres un embajador del Reino de los Cielos

Cuando piensas en un embajador, ¿qué es lo que te viene a la mente? A mí me viene la imagen de una persona con clase, segura de sí misma, amable en su trato, que sabe hablar con los demás para tratar los asuntos con diplomacia, y llegar así a buenos acuerdos. Alguien con responsabilidad, que busca el bien de los demás, y sobre todo de los habitantes de su nación.

Cuando pensamos en altos cargos dentro de la Administración, hay siempre una sensación de honorabilidad, de grandeza asociada a ellos. Tal es así que, si ahora mismo tú o yo fuésemos nombrados embajadores, seguramente no nos sentiríamos preparados, y empezaríamos a cambiar cosas en nosotros, para parecernos lo máximo posible a esta imagen que tenemos en mente de lo que un cargo público debería ser.

De hecho, ¿qué cambios llevarías a cabo en tu vida? En mi caso, trataría de aprender más idiomas, organizaría mejor mi tiempo, y aprendería mejor cuál es el protocolo a seguir en las diferentes situaciones. Trataría de crear relaciones sanas con cada gobernante con que me encontrase, honrando a cada uno, mostrándoles el amor de Dios de manera práctica, y pondría todo mi esfuerzo en ofrecerles posibles tratos que fuesen convenientes para mejorar nuestros respectivos países. ¡El hecho de saber que soy un embajador me llevaría a buscar actuar como uno!

La Biblia dice: “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20)

Mi querido(a) amigo(a), tienes el increíble honor de ser un embajador del Reino de los Cielos, y de representar a este Reino incomparable allí donde vas, en tu día a día. Dios quiere reconciliar consigo a muchas personas, y para ello es necesario que estés dispuesto/a a dar lo mejor de ti, y a salir de tu zona de confort para crecer en cada área, hasta llegar a ser ese embajador que necesitan.

Quiero dejarte con esta propuesta: piensa a lo largo del día de hoy que eres un embajador del Cielo, y empieza a actuar como tal en cada circunstancia. ¡Verás cómo ese pensamiento te inspira a dar lo mejor de ti!