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El Lejano Oeste te espera…

¿Te suenan las diligencias del Lejano Oeste? Las diligencias eran esos carruajes tirados por caballos, que tenían departamentos en su interior y que transportaban a los viajeros con su equipaje.

En su origen, de hecho, parece ser que a estos carruajes se les llamaba “coches de diligencia”. La raíz del nombre proviene del latín diligentia, que, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, es un término que expresa puntualidad, cuidado, agilidad… ¡Todo eso es lo que este servicio de carruajes ofrecía a la gente!

La diligencia es una de las cualidades más útiles y mejor valoradas a la hora de trabajar. La diligencia es la antítesis de la pereza, la cual se caracteriza por todo lo contrario: constantes retrasos, falta de cuidado, lentitud… ¡En esas condiciones es imposible poder hacer un buen trabajo!

Mira lo que dice la Biblia: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Romanos 12:11). Fíjate en la conexión que establece en este pasaje: la diligencia está relacionada con el fervor, con la pasión. ¡Cuando sirves al Señor con pasión, brota en ti esa diligencia, ese deseo incansable por querer hacer el mayor número de cosas que puedas, y de hacerlas bien!

Querido(a) amigo(a), ¿eres diligente en tu trabajo y en tu servicio a Dios? Pídele al Señor que renueve hoy en tu vida esa visión, esa pasión por servirle de la mejor manera posible con cada cosa que hagas, tanto en el trabajo como fuera de él. ¡Eso te bendecirá tanto!

Te dejo con una última promesa: “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará…” (Proverbios 22:29)