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Codo con codo

¿Cuántas veces has sentido que lo que has hecho, aquello en lo que has trabajado, al final no ha servido para nada?

Es una experiencia realmente dolorosa cuando inviertes tiempo, esfuerzo, dinero, y al final las cosas no salen como habías esperado. A mí esto me ha pasado muchas veces en la vida, y creo que en el fondo este tipo de experiencias forman parte también de nuestro proceso de aprendizaje. Como dice el antiguo refrán: “En ocasiones ganamos, y en otras, aprendemos”

Creo que no debemos tener miedo al fracaso: de hecho, las personas más exitosas de la historia fracasaron muchas veces antes de conseguir su objetivo. La clave está en aprender de los fallos, y, personalmente, una de las cosas que más he aprendido en estos años es que quiero estar atento a la guía del Señor a la hora de hacer cualquier cosa. ¡Cuánto más atento estoy a Su voz, mejor salen las cosas, y más paz experimento durante el proceso!

De hecho, la Biblia dice: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican…” (Salmo 127:1). Imagínate la escena contraria por un momento: si Dios estuviese construyendo una casa, ¿no te gustaría unirte a Él y echarle una mano? ¿Trabajar codo con codo con Dios? ¡Es una imagen realmente bonita! Eso es lo que los niños hacen: les encanta ayudar a sus padres, y hacer cosas con ellos…

Querido/() amigo(a), ¡no hay nada mejor que seguir a Dios en tu día a día y tratar de trabajar a Su lado! Pero para eso, hay que estar atento a lo que Él nos dice en nuestro corazón. Que cada día, ese deseo te lleve a estar más conectado a Él, y a aprovechar mejor Tu tiempo con Él y para Él.

Señor, quiero estar contigo y esforzarme, trabajar en todo aquello que es según Tu corazón. Guíame en cada momento del camino para que tenga más claridad a la hora de escoger los pasos que tengo que dar. ¡Gracias porque estás siempre conmigo, y porque me guías en todo! En el Nombre de Jesús. ¡Amén!