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¡Ya puedes abrir los ojos!

¿Alguna vez te has visto reflejado en uno de esos espejos curvos? Sí, ya sabes, uno de esos espejos que te hacen parecer más alargado(a) o más ancho(a) de lo que en verdad eres.

Varias veces cuando voy en el metro veo esta misma distorsión aparecer en el reflejo de las ventanas, sobre todo en los bordes, que es donde más se curva el cristal. Es precisamente la doblez en el cristal la que provoca este tipo de distorsiones en la imagen.

La sexta bienaventuranza dice: “¡Qué alegría más grande experimentas cuando tu corazón es puro! Porque entonces tus ojos se abrirán para ver más y más de Dios” (Mateo 5:8, traducido de TPT). Querido(a) amigo(a), cuando tu corazón no es recto, es fácil ver las cosas distorsionadas. Aquellas cosas como el orgullo, la envidia, el egoísmo… crean en ti una doblez en el espejo de tu corazón que te impide ver bien la realidad.

La persona que tiene un corazón puro, sin embargo, es aquella que tiene sus ojos más y más abiertos a Dios, y que recibe más revelación de Él. ¡Y eso produce en nosotros una alegría tan grande! No hay nada más precioso en esta tierra que tener una comunión profunda con Dios.

La sexta bienaventuranza tiene una promesa gloriosa, que tiene que ver con el gozo de ver a Dios. Pídele al Señor hoy que limpie tu corazón, y que te ayude a verle con claridad. Ora conmigo: “¡Señor, gracias por Tu amor! Dios mío, no quiero tener más impurezas en mi corazón. Purifícame y ayúdame a ver todo con Tus ojos, Señor, a ser cada vez más consciente de la realidad espiritual, y a no ver las cosas de manera distorsionada. ¡Gracias por todo lo que haces en mi vida, Señor! En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

Disfruta de la Presencia de Dios en este día.