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¿Tienes acceso restringido?

¿Has escuchado alguna vez ese pasaje de que tenemos que hacernos como niños?

Los niños pequeños tienen una cualidad que es admirable: son capaces de creer cualquier cosa. Tienen esa fe grabada en su corazón, esa capacidad de creer y de confiar en lo que les decimos, de ver la bondad en todas partes. En la medida en la que crecemos y nos hacemos adultos, nos endurecemos debido a los fracasos, a las desilusiones y a los palos que nos llevamos. Nos volvemos desconfiados, y tendemos a cerrar nuestro corazón. Sin embargo, ¡tenemos mucho que aprender de los niños!

Jesús dijo: “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mateo 19:14, NVI). Los discípulos de hecho no querían que los niños se acercasen a Jesús, no los consideraban importantes, pero Jesús les dijo: “no se lo impidáis”. Querido(a) amigo(a), cuando te acercas a Dios con la sencillez y la fe de un niño, ¡nada te puede impedir el acceso a Su Presencia!

Acércate en este día a Dios confiado(a) en Su bondad, y verás la manifestación del Reino de los Cielos en tu vida como nunca antes. Es tiempo de que te acerques a Él como un niño que viene feliz ante Su Papá. ¡Eso agrada Le tanto, Le produce tanto gozo!

Vamos a orar: “Señor, gracias porque eres mi Padre perfecto, y porque puedo venir delante de Ti en este día como un niño. Decido de todo corazón creer y confiar en Ti, pase lo pase, cueste lo que cueste. ¡Eres todo para mí, Señor! Que Tu Nombre sea levantado en mi vida, que te honre en todo lo que haga en este día. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

¡Eres un Milagro!