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Oración Impropia de un Padre

“Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos” (Mateo 20:22)

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26)

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Santiago 4:3)

Cierto niño, muy pequeño, estaba agonizando y su padre, que lo amaba mucho, se afligía en gran manera y no quería conformarse con que su hijo muriera, aunque con palabras de consuelo se lo aconsejaban sus amigos.

El pastor de la iglesia a la cual pertenecía ese padre atribulado le daba iguales consejos y le decía que aceptara la voluntad divina y entregara la vida de su hijo a Dios, principalmente porque no había probabilidades de que el niño sanara.

El padre contestaba: “No puedo conformarme. Estoy orando para que Dios me conceda la vida de mi hijo, cualesquiera que sean las consecuencias.” Se realizó el anhelo del padre: el niño sanó, se desarrolló, y su padre lo mimaba con exceso.

El hijo llegó a ser un perverso: una espina que siempre estaba hiriendo el corazón del padre. Cuando el hijo fue grande se hizo ladrón, robó cosas de valor a uno de sus maestros, y cometió otros muchos delitos; fue llevado a la cárcel y sentenciado a muerte.

Tuvo una muerte ignominiosa, y sin que se arrepintiera de sus muchos pecados. Cuando el hijo fue ejecutado, el padre se acordó de lo que le pidió a Dios, y con tristeza, lágrimas y vergüenza confesó su insensatez y su pecado al no haber estado conforme con que se hiciera la voluntad de Dios.