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Hay un fruto preparado para ti…

Me encantan los árboles. De hecho, me gustaría tener algún día una casa grande con un jardín, y en él plantar diferentes tipos de árboles frutales.

Cuando era pequeño, los jardineros plantaron bastantes árboles en la calle donde vivo. A lo largo de estos más de 30 años, esos árboles han crecido conmigo, hasta convertirse ahora en una preciosa hilera de árboles. Con sus ramas, crean en primavera una pequeña jungla de hojas verdes que dan sombra y refresco a los caminantes. Me encanta verlos desde mi ventana, sobre todo teniendo en cuenta que, cuando eran pequeños, apenas eran más grandes que yo

Una de las características que más determina la naturaleza del árbol es el fruto que produce. El fruto que produce el Espíritu Santo en nuestra vida marca nuestra naturaleza. Como dice la Biblia: “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23). Uno de los elementos es la bondad. Fíjate en lo precioso de lo que Dios hace: ¡No solamente Él es bueno, sino que Él quiere que tú lo seas! Por medio de Su Espíritu Santo, Él nos hace crecer día a día en Su bondad.

Sí, querido(a) amigo(a), Dios quiere que crezcas y que lleves fruto en abundancia, y que muchas personas sean tocadas por Su amor a través de ti. ¡Él derrama Su bondad en tu vida, para que puedas compartirla con los demás! ¿Acaso no es precioso?

Oremos juntos: “Señor, gracias por Tu Presencia y por Tu bondad en mi vida. Gracias porque no solo puedo disfrutarla en mi vida, sino que tengo además el privilegio de compartirla con aquellos que me rodean. Ayúdame a reflejar Tu amor siempre allí donde vaya. ¡Gracias por todo, Señor! En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

Disfruta mucho de este día.

¡Eres un Milagro!