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El Rabino y la plata

“Si puse en el oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú; si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, y de que mi mano hallase mucho; si he mirado al sol cuando resplandecía, o a la luna cuando iba hermosa, y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano; esto también sería maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano. ” (Job 31:24-28)

Un día, el rabino recibió la visita de un hombre muy religioso, muy rico y muy avaro.

El rabino lo llevó a una ventana. ¿Qué ves? —le preguntó.

Veo gente —le respondió el rico.

Entonces el rabino lo llevó ante el espejo. ¿Y ahora qué ves?

—volvió a preguntarle. Me veo a mí mismo

—le contestó el otro.

El rabino entonces le dijo:

Pues, en la ventana como en el espejo, hay un cristal; sólo que el del espejo se halla recubierto por una capa de plata y, a causa de la plata, no se ve al prójimo, sino se ve uno a sí mismo.