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El Asiento Vacio

“Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal” (Eclesiastés 5.1)

“no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Hebreos 10.24)

“Tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío.” (1 Samuel 20:18)

El asiento vacío habla con elocuencia. A pesar de que su mensaje no es agradable, todos lo pueden oir.

Al predicador el asiento vacío le dice: “Tu sermón no vale.”

Al que visita la iglesia, le advierte: “Ya ves, vamos perdiendo terreno.”

Al nuevo que busca una iglesia donde asistir: “Vale más esperar a ver lo que pasa aquí.”

Al tesorero de la iglesia: “¡Cuidado! ¡Habrá un déficit!”

A los miembros presentes les aconseja: “Ustedes también pueden ausentarse de los cultos.”

A los verdaderos fieles les aconseja: “Trabajad, invitad, orad, orad, llenad esos asientos vacíos.”

El asiento vacío testifica contra los cultos. Mata la inspiración, ahoga la esperanza. Aleja el celo y es un peso desanimador para toda iglesia.

Por otro lado, el asiento ocupado es un ala, es un estímulo, es un incentivo y una inspiración al predicador y a toda persona que ama al Señor Jesús.